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Del no saber que sabía...

Meses después de haberme titulado como Psicóloga me casé con Koh y lo primero en aprender  fue a cocinar, un gran reto para alguien que sólo preparaba huevos revueltos y sándwiches para uno. Los primeros días no me daba tiempo más que para eso, terminaba cansada y un poco agobiada. Conforme lo fui dominando el tiempo era menor, incluso buscaba en internet recetas de postres "para sorprender al marido!!" Jaja.

Sin saber, tenía recuerdos de aromas, condimentos, ingredientes, sabores, colores, SAZÓN!, lo tenía en la memoria, aquellos momentos en que mamá no podía cuidarme y lo hacían mis abuelos (Mamachuy y Papagrandote) o mi tía Delia quienes en casa preparaban la comida y veía como la hacían, sus técnicas, sus recetas, el toque que le daba cada uno, así como sus enseñanzas. Sin darme cuenta me había enamorado de la cocina y como dicen por ahí "se me daba".

Cuando descubrí mis grandes pasiones  y surge mi proyecto personal, sin saber por donde comenzar, es donde Koh y yo nos unimos más, pues nuestros proyectos se complementaban él en la panadería con sus nuevas recetas que aportan una vida mas sana y yo buscando dar una terapia integral atendiendo la parte física, mental y emocional tanto a adultos como niños.
Por una parte la Educación Temprana y por otro lado, la terapia psicológica fusionándola con la terapia psicocorporal y medicina alternativa, donde vemos el tipo de alimentación, malestares físicos, enfermedades, sabores, que conllevan a un estado emocional.

De ahí surge la visión de una vida más orgánica, equilibrada, que queremos transmitir en nuestras creaciones y en cada producto elaborado para que pueda trascender en la vida de otros.



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ºººkohººº

Lo que mas odie, es lo que mas amo…

A pesar de que tuve una infancia alegre y feliz, no puedo evitar recordar que existieron tiempos difíciles; a muy temprana edad comencé a participar en el negocio familiar, ayudando en la venta y elaboración del pan, así como en el mantenimiento de la panadería. Aquí en México es una de las condiciones de vida muy común, en donde la pobreza y condiciones sociales, obligan a las familias a trabajar aun siendo niños, y en mi caso no fue la excepción.

Cuando mi padre enfermo fue mi turno de vender pan, con canasto en la cabeza, caminando por las vías de San Francisco rumbo Agua Blanca, me divertía mucho encontrándome a mis primos o tíos y regresar juntos a casa por la noche; sin embargo siempre me pregunte que seria regresar a casa tarde, pasar a los video juegos o jugar futbol los sábados, ¿qué es ser un estudiante de secundaria, preparatoria o universidad con una vida relajada?

Por mucho tiempo viví enojado por no poder disfrutar las tardes con mis amigos, o no poder hacer los deberes de forma tranquila, hasta que llegue a la universidad y emprendí mi viaje fuera de casa.  Fue en ese momento cuando me di cuenta que podía sobrevivir de forma independiente, que lo que mis padres me habían enseñado era a trabajar; y que la panadería me salvaría la vida en mas de una ocasión. La primera ves fue cuando me quede sin dinero por estar con los amigos de borrasca, al ver un negocio de pan, me acerque y solicite trabajo, el dueño me reto diciendo – apoco sabes hacer pan- ese día hice una cantidad de pan blanco que ni yo sabia que era capaz de producir.

Dentro de mi formación académica como Psicólogo descubrí el peso de la historia en la vida, entendí que somos ciclos destinados a repetirse, no solo de los padres, sino de un tío, un abuelo, una abuela, un primo lejano; por tal motivo para mi fue importante rescatar la historia de mi familia para comprender la mía. Mru & koh es un tributo a toda esa historia que inicio con el abuelo, quien salió de casa para aprender el oficio del panadero, para enseñárselo al hijo (mi padre), cuyo hijo salió de casa para mejorar su técnica de maestro panadero y regreso a educar al hijo, quien fue administrador, jefe de recursos humanos, psicólogo y ha encontrado la felicidad en el arte del pan. 

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